Conclusiones



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Atención, pregunta

Podemos hacer dos cosas: vivir la vida sin preguntarnos, o vivir la vida preguntándonos. Cuando eres un niño, todo son preguntas, el por qué de las cosas. Cuando eres adolescente, sigues preguntándote pero creyendo que tienes todas las respuestas. Cuando eres adulto, dejas de preguntarte porque no quieres saber la respuesta. Cuando eres más que adulto, esto es, mayor, que no viejo, ya no te preguntas porque sabes que no tienes todas las respuestas. Precisamente, cuando has acumulado muchos años, es cuando has acumulado muchas experiencias, y puedes permitirte el lujo de preguntarte, o no, y de preguntar a los demás, o no, que también depende bastante de la vida que hayas llevado.
Como joven, antesala de la adultez, donde me encuentro (alargando la adolescencia, para ser más exactos, aunque la verdad, en términos numéricos, adulta…), me pregunto si preguntarse no será el antes y después de hacer las cosas de otra manera. En el trabajo, en el estudio, en la vida familiar, en la vida con tus amistades, en la vida de pareja, en la autovida (hay vida en la vida con uno mismo), preguntarse es tratar de vivir la vida no como un ente parásito y vegetando, sino entender cómo suceden las cosas, por ejemplo, porque uno no vive solo, además de que no sería real. Por mucho que uno pueda renegar, nadie está solo. Quieras que no, cuando vas a comprar el pan, estás socializándote. El ser humano es social por naturaleza, que no sociable. Está el que es amable, y el que no lo es. El que sólo sabe relacionarse con las cuatro personas de siempre, y el que hace de la vida un acto social y agradable. Preguntarse es intentar conocerse, y conocer el mundo que te rodea. Tan aceptable es el no preguntarse, como preguntarse y buscar caminos. Tan válido es el que camina por la senda conocida, como el que investiga y quiere remodelar su vida. Seguramente, resulte más atractivo procurar mejorar cada día, incluir alguna novedad sorprendente con respecto a uno mismo y lo que vive, creyendo que el ser humano cambia, que puede no permanecer en el horizonte de lo de siempre, de la rutina conocida. Abogo, sin duda, por intentar hacer las cosas creyendo en uno mismo y en lo que nunca creímos capaces de hacer, o bien por falta de motivación, o bien, por falta de creer en uno mismo... Cada uno sabrá lo que le mueve, si es que realmente quiere moverse, si realmente vive la necesidad de moverse. Desconocer las opciones y la potencialidad de lo que te proporciona moverte, es una razón para no moverse. Creer que no tienes que dar ningún paso a ninguna dirección, es la explicación a quedarte como estás, pensando que estás bien como estás. Creer que se puede hacer algo más, es una invitación a descubrir nuevas aventuras.

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