Conclusiones



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La Mediación, el encanto del encuentro



En ocasiones, ocurre el desencuentro entre dos personas. Convivir sería “vivir con”, vivir con “el otro”, un “otro” por descontado diferente a ti, que puede resultar divertido, a veces precisamente por lo distinto, y otras veces ese "otro" te resulta un problema, y seguramente entres en conflicto. No siempre la comunicación es todo lo deseable que convendría ser para poder vivir, vivir en paz y armonía. Estarán las personas con las que te sientas a gusto, y también están con las que no compartirías las pipas. No es pretender tener un millón de amigos, porque la gracia radica en lo especial. Se trata de saber convivir, y de ahí, con unas personas coincidirás en la amistad, y con otras, coincidirás en que pertenecéis a la misma especie, la del ser humano. No es necesario llevarse mal con nadie. No es necesario liar la perdiz. Habrá mil razones para ser desagradable con el de al lado, pero eso se hace saltándose las normas de convivencia, lo cual denota una falta de educación, de no saber lo que es el respeto. Y no dudaríamos en ningún momento en dar por hecho que a nosotros nos tienen que respetar. Bien, pues respetemos entonces. Y hagamos de nosotros mismos personas capaces de dialogar, de "saber estar", independientemente de opiniones e intereses, y miedos... Es la actitud lo que va a delatarte, y una actitud empática es lo que va a hacer que sepas rodearte de la diversidad de seres humanos que habitan este planeta, como tú. La empatía se describe como “la capacidad de ponerse en el lugar de la otra persona”, y yo siempre he añadido “sin ser tú”, porque no es “yo en tu lugar”, sino “yo si fuera tú en tu lugar”. Si hacemos “yo en tu lugar”, es yo, con mi forma de pensar, en tu situación, que es diferente a decir “imaginemos que soy tú, es decir, con tu forma de pensar, con lo que te pasa siendo como tú eres”. No es lo mismo. Y como somos tantos y con unas personas coincides y con otras no, pues el camino más corto al entendimiento es la empatía. Insisto, no tiene por qué gustarte la otra persona, no tienes por qué compartir nada, salvo el que os vais a volver a ver mañana, pero eso no da licencia a nadie a crear un clima inhóspito, cuando resulta que, incluso la paz interior, se consigue sembrando la paz en tu entorno, aunque cueste creerlo. No puede ser verdad que de responder al mundo tal y como creemos que somos, surja la consecuencia de que cada uno esté plantado como un palo inamovible, cuando perfectamente se es capaz de entender las razones del otro y no entrar en conflicto, a través de la escucha activa (término que existe, porque debe ser que existe la escucha pasiva, que será decir "sísísí" todo el rato, lo cual tampoco es real, para escuchar así… no?). La escucha activa es cuando ponemos interés en lo que nos dice la otra persona, pero para conocerlo.
Esto se sabe en educación. Esos adultos que pululan por el centro educativo, no sólo dictan normas de convivencia que hay que cumplir, y si no se cumplen, sobreviene el castigo. No es ésta la forma de educar que deseamos. No queremos un país sancionador, sino evolucionar en nuestra cultura y en nuestra sociedad. Y una manera de hacerlo, es enseñando a convivir, adquirir habilidades sociales para la interrelación participando toda la comunidad educativa. En el centro educativo, son protagonistas los alumnos y los profesores. Que exista un servicio de mediación en el centro educativo es ofertar una herramienta para la convivencia en el centro y en el aula, y sentar las bases de un equipaje extensible a la vida individual de los participantes.
La mediación para la resolución de conflictos en el ámbito educativo la implantan profesionales concienciados en la importancia de proporcionar un instrumento para cuando las cosas no van bien. Trataría de organizar un equipo de mediadores y así contar con una red de personas a las que acudir, obviamente obligatoriamente confidencial, para hacer un parón en una relación que se ha torcido entre dos personas. De esta manera, el mediador es la excusa para entenderse, el antes y después de una situación a la que se llega entre dos personas que se ven cada día, y esta tercera persona, entra en juego para que esas dos personas se “resitúen”, se miren a los ojos. Para ello, los mediadores, que son alumnos mismos del centro, voluntarios, así como también profesores voluntarios, reciben una formación en cómo se desarrolla la mediación. Así que, los alumnos, tanto los que quieran ser mediadores, como lo que quieran beneficiarse de este procedimiento, pueden hacerlo en su propio centro educativo, donde se pasan muchas horas, días, semanas, meses, y años, y claro que pueden aparecer conflictos, pero de ahí que se vea este procedimiento como un elemento que forma parte de la convivencia, que es el disponer de algo que ayude a pasar todos esos días, meses y años codo con codo en el mismo aula o en el mismo centro.
Lo curioso es que, al final, tener una actitud de “yey, paz en el mundo”, va a ser que es más fácil estar bien con los demás que estar mal. Sólo hay que quererlo.

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