Conclusiones



Espacio para compartir el psicólogo que todos llevamos dentro.

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Estrés

En unos días llegará agosto, y tendré medio vacaciones: trozos para trabajar, y trozos para desconectar. Así que, estaré un mesecito incubando historias para la vuelta al blog en septiembre. Bueno, si veo que tengo un hueco, lo que haré será reflejar como hago algún mail de esos xorras que llamo yo, o colgar algún vídeo, alguna canción, o proponer la recomendación de alguna película ;-) Pero en principio, el mes lo voy a utilizar para desestresarme… Vale, si sigo currando en agosto, estrés va a haber, jejeje. La verdad, esperemos que no, si no, vendré corriendo corriendo a contarlo contarlo en el blog. Qué va, puedo estar agradecida por trabajar, y además el mes de agosto va a ser más tranquilito, así que, no hay razón para preocuparse. De hecho, ahora sí que me voy a poner con el tema estrella aquí en el blog. Podremos hablar de esto, de lo otro, opinar, y en mi caso, dar leña al mono, y desparramar el cerebro. Para quien escribe, como escribo yo, nunca sabes lo que pueden llegar a pensar de ti. Precisamente, espero que penséis de mí que estoy quemadísima de la vida. Es que me agarro a ella como a un clavo ardiendo ;-) El tema en cuestión es el estrés, la ansiedad, el agobiarse, el contracturarse… Lo que hace el psicólogo (yo no, por supuesto), es explicar lo que es la ansiedad, y va y te cuenta la historia a continuación: hay un nivel de ansiedad aceptable, incluso recomendable, porque te activa y te mantiene alerta, para reaccionar en la vida, responder adaptativamente según las exigencias del entorno. Luego puede llegar un punto en el que los requerimientos sobrepasan los recursos, vamos, que no posees las herramientas necesarias o suficientes, y entonces hay un desajuste, un desequilibrio, y para salir de ahí, lo haces pero desadaptativamente. Pues lo que va siendo el día a día, a mí me parece que ninguno de nosotros vamos diferenciando lo que es la ansiedad justa y necesaria. Es decir, que no “caemos” en darnos cuenta de esa ansiedad aceptable. Es más, vivimos, y mientras, decimos que estamos estresados. También es verdad que habrá quien no se estrese, pero esa persona es porque lo que hace es estresar a los demás, así es como se quita el estrés. Efectivamente, primero hay que sentirse responsable de los propios actos para poder experimentar estrés. Digamos, entonces, que la ansiedad convive con nosotros mismos, pues ya sea la recomendable o la no recomendable, está ahí. Lo que ocurre es que la recomendable no la percibimos. Por tanto, como psicóloga, nombrar ese nivel de activación beneficioso es poco práctico. Cuando respondemos satisfactoriamente a las cosas que nos pasan, pues no hay más vueltas que darle. Bueno, sí, para ver que “podemos” ;-) Pero, de hecho, en general, vivimos la vida como podemos, y así un día tras otro. Sin embargo, nos puede pasar dos cosas: una, que vivamos como percibiendo que nos acompaña una sensación de nerviosismo, de malestar, de estrés, de ansiedad…, y otra, que tenga lugar algún acontecimiento. Si es este segundo caso, el de que va y pasa algo, podríamos decir que ese algo es en sí mismo estresante, pero siempre será nuestra manera de responder lo que incline la balanza. Hay incluso un listado de acontecimientos potencialmente estresantes, que el ser humano ya lo ha inventado todo, je. Son sucesos que a cualquiera de nosotros nos desestabilizaría en un momento dado. Pero volvemos a cómo reaccionamos para no hacer de ese suceso un sin vivir. Fundamentalmente, primero habría que entender que las cosas nos pasan a los vivos, por muy desagradables que sean, pues también ocurren experiencias agradables. Ni vas a estancarte en lo desagradable, ni en lo agradable. Exacto, ni en lo agradable. Sí, ser positivo y todas esas cosas vienen bien, hay que ser positivo. Pero no creer, y menos aún, esperar, que sólo nos va a pasar lo agradable, ni vivir preguntándose cuando algo no lo es “por qué a mi?”, en fin, quien se haga esa pregunta, le tendría que aparecer una voz que le contestara: “porque estás vivo, no te jode”, porque es a los vivos a los que nos pasan cosas… Nadie quiere pasarlo mal, ni que le pasen cosas malas, ni estar en situaciones comprometidas, ni vivir lo malo de la vida, o que la vida no le sonría. Pero hay que contar con ello. Sería una debilidad pensar en que mejor sería no haber nacido, o no seguir con la vida. Se llama cobardía, y se llama depresión: verlo todo muy muy oscuro. La ansiedad está muy relacionada con la depresión, precisamente porque de no saber cómo obrar, pasas a no querer obrar. Claro, a ver, quién no iba querer que las cosas le vayan bien, y verse a uno mismo estando bien, reaccionando bien, y ser más o menos feliz. Pues de eso se trata. Y ahora es cuando digo que, nadie dijo que era fácil. Ya, pero puede serlo y no a la vez. Me explico. Ya sabemos que las cosas nos pasan a los vivos, y que serán más y menos deseables. Ahora añadirle que la vida es compleja, tanto lo deseable como lo no deseable, todo va ligado a una serie de factores. Con esas dos premisas, que la vida sea fácil o difícil, es un pensamiento parecido a la actitud de ser positivo o negativo. Incluso dices “si fuera fácil, sería positivo”, o “soy positivo, por eso lo veo fácil”. Pero hay cosas a las que no queremos llamarlas fáciles, y cosas que vivimos que no toca ser positivo. Y nos permitimos el lujo de vivirlo mal, olvidándonos de que la vida son dos días. Bueno, puede ser, pero ya estamos con las matemáticas (ves? psicología y mates están más cerca la una de la otra de lo que os imagináis), es decir, que si son dos días, lo que es un delito es pasarse uno y medio viviendo algo mal porque es lo que toca. Si nos ponemos así, habría que llamar a las cosas por su nombre y empezar a sacar a la luz lo que pesa lo malo. Lo malo es como muy malo. Se entiende que lo malo existe, pero no puede uno “rebañarse” y vivir en ese estado, al fin y al cabo, o seremos perdonados, o seremos compensados (lo malo es terrenal, y lo bueno es lo que nos espera, o hay alguna razón por la que ahora estamos mal, seguro…). Pues sin ánimo de chafar el cuento, o nos perdonamos a nosotros mismos, o hacemos nosotros mismos por compensar lo que vivimos. No digo yo que las creencias y las perspectivas sobre lo malo que nos pasa no puedan circunscribirse a una realidad de fe, pues cumple su función. Sólo esperaría que, quien tuviera fe, no sufriera. Pero es que son humanos igual. Así que, dejando a un lado, lo malo, o lo bueno, de creer o no creer, o buscar razones y explicaciones en otra galaxia, vamos a centrarnos en ésta, que la otra odisea no la compartimos todos, ésta donde posamos nuestros pies día a día, sí. Y es en el devenir de los días cuando experimentamos toda una gama de emociones. Prácticamente, la actitud lo es todo. Para ayudarnos a no sufrir ese estrés, hay que situarse estratégicamente. Y puede ser ver la vida de forma positiva. Lo que pasa es que eso es más fácil de decir que de hacer. O comentar “esto también pasará”. O que venga alguien y te diga “no te quejes”. O que la vida no hay que tomársela así (de mal). O “anímate”. Incluso está el que te quiere hacer creer que eres una paranoica para que bajes la guardia… Todo es estrategia, saber actuar en cada momento, a todo lo que nos pasa en la vida. Vamos, lo voy a repetir: “saber actuar en cada momento, a todo lo que nos pasa en la vida”, no me digáis que ya sólo eso es estresante en sí. Puff. Sólo de pensarlo, se te mete una ansiedad por el cuerpo, que te contracturas la espalda y la mente… Pues es que es así, no hay truco. A ver si las malas decisiones, son para celebrarlas, enga, claro que sí, y cuando reaccionas mal, y cuando no acabas de salir de un cogollo va y te metes en otro lío… Todo es estrés! Así que, o uno es imbécil, o todos los demás son gilipollas. Uno intenta hacerlo bien, y ale. Pues con intentarlo no es suficiente. Ala, más presión. No hay escapatoria. La ansiedad es la sombra que te sigue para acecharte. Es un duendecillo xungo que te amarga la existencia. Vaya plan… Pues no es plan, está claro, no? Habrá que (re)plantearse otra forma de estar en el mundo. A modo de comportamientos saludables, tiene que ver con llevar una alimentación equilibrada, realizar ejercicio físico, tener momentos de relax y ocio, y que la ocupación de uno, ya sea estudiar y /o trabajar, entre en consonancia en cuanto a distribución de la vida de uno junto con el resto de áreas que conforman el todo. Sí, fácile i divertente. Si sólo para relajarte, eso que te tumbas, y pasa una moto que retumba todo el barrio! O el ocio, para quedar con la gente querida, al final siempre pasa algo. En el trabajo ya ni os cuento. Y para llevar una alimentación saludable, qué, voy a tener que cocinar? si se me sale tó el arróz ahí hirviendo de la olla! Y ejercicio físico? pa cansarme? ja ja. Si me pillo una bici, qué, arriesgo mi vida por las calles para caer muerta como una mosca? Todo puede ser estrés! Otra es lo de la serotonina, el cerebro haciendo de las suyas. Aprovecho para proponer que en los envases de las cosas, pongan si lleva y cuánta serotonina hay en la composición, y así ya me voy regulando yo. Es lo mismo que ir a la farmacia, pero la felicidad ya está en el supermercado, y no me refiero a la bolsa de patatas fritas… O sí, jeje. El chocolate, sí, es un aliado, pero de la barriga, no te jode. Qué va. Todo es en su justa medida. Ni siquiera andar todo el día relajado es bueno: te atontas. Total. Me acercaría a decir que la ansiedad, los nervios, el estrés, se parece a una forma de estar en el mundo. Es cierto que habrá ocasiones en las que podamos distinguir un antes y un después de alguna experiencia, pero aún así, la idea no es que la vida sea ir tirando. Tirar de qué? Para que el globo suba, hay que soltar lastre.

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