Conclusiones



Espacio para compartir el psicólogo que todos llevamos dentro.

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Un suponer de historia

No voy a dejar de sorprenderme, las relaciones entre los seres humanos, vaya, las relaciones que yo establezco con otros seres humanos, no va a dejar de sorprenderme, y yo quiero, pues, lo que quiero, es estabilidad, en todos los sentidos: laboral, familiar, de pareja, con amistades, vecinal, horaria, estacional, de salud, vamos, estabilidad mundial. Que no quiere decir tener siempre las mismas relaciones (ver siempre las mismas caras), pues, aunque en mi casa oía de pequeña la canción de Roberto Carlos “Yo quiero tener un millón de amigos”, sé que eso no tiene nada que ver conmigo, que yo caigo mu mal, pero siempre me gustó y me gustará conocer gente, sobre todo para amistad, ya sea entre mi propia familia, en la familia de otro, en la comunidad de vecinos, en el trabajo, en el supermercado, en fin, conocer gente tranquilamente, hacer nuevas amistades, tranquilamente, y conservar las relaciones con las personas que ya uno conoce, tranquilamente, pues todo eso, en plan estable. No me apetece que alguien que ya conozco, me sorprenda, ni quiero conocer a alguien para luego no tardar en sorprenderme. Porque esas sorpresas, no suelen ser “Sorpresa!: felicidades porque qué bien que estamos!”, sino que son, más bien, sorpresas desagradables, decepciones, desencuentros, flipadas, un “cuando menos te lo esperas” pero no es que llega el amor, sino que llega el punto de inflexión a partir del cual se estropea todo. Así más o menos una descripción, mi paseo por las relaciones es el siguiente: principalmente, huyo de personas que, o veo claramente que me están utilizando, y encima no les sirvo de nada, o individuos que parece que Dios los puso ahí para que me cuenten lo mal que hago las cosas, o personas que parece que alguien les pague para llevarme la contraria sistemáticamente. En esos tres casos, soy yo la que mando al carajo al personal. También es verdad que no siempre se puede, por ejemplo, mi papi me dice lo mal que hago las cosas y, la verdad, no le mando al carajo, que es mi papi, jejeje. Suelo “despedirme” en los casos que “yo ya vivía antes de conocerte, y creo que estaba mejor”, ahí es cuando me desentiendo, aunque, de todas formas, me considero una persona bastante educada, y no es que retire mi saludo, simplemente que esas personas pasan a estar fuera de mi círculo, pero si me los cruzo, soy capaz de saludar y hablar, siempre me alegrará saber que a la gente le va bien. No es falsedad, se llama “cada uno en su sitio”. Cuando la cosa chirría, es cuando esos “simpáticos” seres siguen en el círculo, ahí, es cuando hay que ser falso… Y lo llevo fatal, porque se me nota a la legua, en realidad, no es el mismo “hola” que el “hola” con la gente ok del círculo, ni siquiera es el mismo “hola” que con la gente que ya salió del círculo. Por tanto, en cuanto a relaciones, vemos posibilidades mil. Puede ser que yo me crea que, cuando soy yo la que desaparece, el otro sabe por qué, y es porque yo lo digo, algo tal como “paso, porque bla bla bla”, y la verdad es que no suelo dar mucha explicación, invadida ya por la desmotivación, y porque estoy viendo ya la luz allá al final del túnel en el momento en el que deje de relacionarme con quien ya la relación es un esperpento donde me tocó el papel de excusa: no soy la excusa de nadie para que no valga nada de lo que digo ni soy una oreja sin boca. A que son razones razonables? Si alguien se quedó desconcertado y aún no sabe por qué borré su móvil, pues si se encuentra con el blog, ya lo sabe, jajaja. Qué va, bueno, ya digo, eso creo, que yo lo digo y queda claro para ambas partes, cosas que pasan, la gente viene y va, todos lo sabemos. Dejar de relacionarse sin más, no existe, siempre hay alguna razón (xunga o no, pero estamos hablando de la xunga). Vemos, posibilidades millones! Pero falta la otra parte, cuando son los demás los que desaparecen… Lo último que acabo de escribir, es que yo aviso al “interesado” que ya no cuente conmigo, y que ni hay sorpresa porque seguro que en el fondo, el otro sabía que eso podía pasar, que ya se dio cuenta de que yo no soy el comodín del público y era cuestión de olla exprés para que yo volara. Y todos contentos, la otra persona busca otro comodín, y yo otra persona con la que relacionarme. Mi sorpresa en las relaciones es comprobar que es la otra persona la que desaparece. Teniendo en cuenta que soy lo suficientemente sensata como para tener yo la iniciativa de desaparecer en las relaciones (véase, las descritas anteriormente), pues que lo haga la otra persona, me sorprende, porque, si hubiera razones (las descritas anteriormente), ya me hubiera pirado yo. He ahí la cuestión. Este paseo lo resumo en 4 estadios: eso que estás bien relacionándote con alguien, luego va y la otra persona empieza a tocarte los huevines, a continuación, una misma se queja, y empieza a hacer lo mismo, a tocar los cojoncillos, y al final, la otra persona flipa contigo, y desaparece. Pero vamos a ver, por dios! qué historia es esa? en condiciones normales, si a la otra persona le va cambiando la cara de potencial a carita de pedorro o pedorra, ya habíamos quedado en que yo ya corto y cierro, sin mayor trascendencia porque nunca lo fue, eso se nota, eso se siente, se sabe, y estaba cantado. Cuando no es tan obvio, es cuando, efectivamente, me quedo en esa relación, pero porque parecía algo! en la cara de potencial del otro, ves carita de ángel, va a ser ese el problema, y que luego te enseñe su carita de demonio…, pero oye, una ya va tomando nota de que eso pasa (que sí, que voy tomando nota, que ya hablé de ello en otra entrada del blog), todos somos ángeles y demonios, es decir, todos tenemos nuestros más y nuestros menos, de eso se trata: si me enseñas tu cara la que espanta, yo también hago lo mismo que tú, enseñar esa cara que yo también la tengo, y si no siempre estoy con carita de ángel, es que tú tampoco estás siempre deslumbrante! Bastante influye el significado y el valor que cada uno da a la relación… Una cara que espanta, es para salir espantado, cierto. Quizás, lo que explique la secuencia “estamos guay / me tocas los webs / me quejo y te los toco yo / te largas flipando de que te toqué los webs”, es que la técnica mostrada en el paso 3, “me quejo y te los toco yo”, va a ser inapropiada para el autoestima, porque el paso 4, me sorprende de forma incómoda. El paso 5 es “manda cojones”. Venga, va, parece una broma, una cámara oculta, dónde está el monigote? y el ramo de flores?, eh?, y nos echamos unas risas, enga. Con personas ves claro que no adelanta intentar quedarte a su lado porque en realidad la otra persona está en una situación que no está para hacer amigos, porque, o ya los tiene, o se cree que la amistad es que aguantes el tirón, como si fuera que eres su burro de carga, cosa que seguro no hace con sus amigos, si los tiene, que los tiene, seguro, que todos tenemos amigos, jejeje. Pero con otras personas lo que ves, o lo que crees ver, es que es una relación que puede durar, puff, toda la vida, hasta que deja de durar. Y esa secuencia que he contado a modo de representación que simboliza un ejemplo de relación, es lo que no quiero que me vuelva a sorprender. Lo que me hace gracia es que yo soy igual de contundente de simpática y de arisca, y si estoy de simpática, el que el otro se “relaje” y se muestre antipático, pues para arisca, yo, y entonces al otro eso ya no le mola, como si a mi me molara que el susodicho se descuide y no le importe si es o no simpático. Para simpáticos, los dos (tendría que controlarlo el sistema parasimpático, sí, el automático, el mismo que regula la respiración…).

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