Conclusiones



Espacio para compartir el psicólogo que todos llevamos dentro.

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Existe más religión para odiarse que para amarse los unos a los otros.

La visita del Papa me lo ha puesto a huevo… Ups, Papa y huevo en la misma frase, ayyyy, yo sí que tengo huevos! Total, nadie me lee, jaja. Sinceramente, si pensara que este blog lo leen muchas personas, me pondría “nervosia”, pero como tengo mis dudas, pues escribo lo que se me ocurre. A ver, para eso está, para las cuatro neuronas que van quedando, interconecten en este espacio virtual a modo de escritura, interconectando con quien agradecida estoy se anima a escribir, para eso es un blog, creativo invento donde los haya. Creativo invento el fuego, la rueda, las redes sociales, el blog, y aún más, la religión. La religión no tiene nada que ver con Dios, no la ha creado él, independientemente de que exista o no. La religión (o las religiones) es una creación humana. El ser humano, que le da al coco. Anda que, o sea, yo me tengo que sentir psicóloga porque estudié Psicología en la Universidad, y resulta que ahí están los humanos teorizando sobre la vida humana, y divina… Es como decir, qué fue antes, la religión o Iracy dándole al coco? Hay que ver, a mí sí que no me vais a comer el coco con que yo como el coco por psicóloga, jejeje. Le doy al coco, y gracias a dios, por dios! Las consecuencias ya es otra cosa, como lo de tener mis dudas sobre si hay alguien ahí leyendo este blog. Y estoy segura que más de una de las personas que podáis estar leyendo estas palabras, entenderá el inciso que hago a continuación, aprovecho la ocasión para reflejar un pensamiento que me ronda: eso de “quiérete a ti mismo”, o “cree en ti mismo”. Vamos a ver, qué recomendación es esa? pero, cómo no se va a querer uno a sí mismo? Cómo no va a creer uno en uno mismo? Lo que ocurre es que uno está más pendiente de fuera que de dentro, pero digo yo que se sobreentiende que uno se quiere y uno cree en sí mismo. Me sirvo como ejemplo cuando digo que dudo de que se lea este blog: es que, no dudo de mi, estoy aquí, escribiendo, que también es verdad que no sé si es que escribo, luego existo, o existo, luego escribo, pero vamos, lo que sé, es que hay millones de blogs y de opciones, y posiciones en Internet, y simplemente sucede que no soy una hacker como para situarme la primera de la fila, ni sé colarme, je, ni sé si lo que escribo es como para leerlo, con tanto que hay para leer o para hacer. Yo feliz escribiendo, faltaría más! Por tanto, es cierto que, como psicóloga, no me entretengo en consulta en “recetar” frases como “quiérete” o “cree en ti”, porque uno se quiere, lo que pasa es que queremos que nos quieran…, y no es precisamente “quiérete y te querrán”, supongo que lo más acertado es decir “quiérete y te dará igual que otros no te quieran”… Pero bueno, yo aún podría estar aquí dándole la vuelta al planeta que aún permanecería redondo… Una observación, para quien se la quiera creer. De eso se trata, de creer o no creer. Y quizás exactamente, al contar esto, se me ocurre que cada vez los seres humanos creemos más en nosotros mismos que en otros entes. Para empezar, es curioso que una creencia como la de que Dios existe, sobrevive como creencia. Alguien pensó que tiene que haber algo más que esta vida, y sucede que pasan los años y se sigue creyendo en ese algo. Nadie lo sabe realmente, porque es fe, y la fe perdura en el espacio y en el tiempo. Y eso lo sabe el Papa. Hablo del Papa como si hablase de cualquier otra persona que represente a una religión, porque la religión tiene sus representantes. Y hablo del Papa porque es en el aquí que nací. Y entonces las Iglesias cada vez están más vacías, y otros espacios se van llenando: los cines, las tiendas, los gimnasios, el fútbol, yo qué sé, cada uno sabrá. También es verdad que hay tiempo para todo, pero quizás uno cree que ir a una tienda es más real que ir a misa. Si yo no digo que no, a ver, cada actividad ocupa su espacio, pero oye, habrá quien le llene más espiritualmente tener un objeto palpable que humo… Y entonces el Papa se tiene que poner las pilas, porque competir con la realidad no debe ser fácil, si yo le entiendo (yo, que lo entiendo todo…). Y ahí está, sembrando realidad. Vamos, como cualquier hijo de Dios ;-) Pero lo que es hablar del Papa, ya casi no es a donde quería llegar, aunque haya empezado esta entrada de blog de esa manera. Lo que quiero es contaros una experiencia, divina seguro, porque casi no me lo podía creer, hablando de creencias… Pues resulta que hace poco, precisamente en Santiago de Compostela, celebramos el XI Congreso Español de Sexología y el V Encuentro Iberoamericano de Profesionales de la Sexología. Y encantada con la Catedral, asistimos al lanzamiento del botafumeiro (desconozco si se dice “lanzamiento”, disculpadme), y el cura nos recibió con un mensaje de bienvenida a los congresistas, y pronunció las palabras sexología, sexualidad y sexo en su discurso, precisamente para transmitir la idea de que los seres humanos eran libres y que debían tratar de alcanzar su felicidad, independientemente de lo que haga con su sexualidad, de hecho, que lo importante es ser feliz, y vivir felizmente en la propia vivencia de la sexualidad, orientación sexual, y relaciones sexuales, que lo principal es la educación, el respeto, y que procedamos al botafumeiro y a disfrutar de la ciudad de Santiago (yo lo hice, jajaja). Total, quedé maravillada, como podréis adivinar. Vamos, salí de allí creyendo que el mismo cura me iba a contratar para dar charlas sobre sexualidad, con lo difícil que es que te contraten para eso, vaya por dios! Así que, como sexóloga, me parece que, si “habemus Papa”, “pa” Papa aquél cura! ese sí que sabe! Ya que no va a dejar de existir la religión, según oí hace poco a un estudioso del tema, no sigamos con creencias arcaicas, pues yo también me apuntaría a creer que después de esta vida hay otra, (lo que pasa es que mi cerebro no me deja creer eso, tampoco puedo hacer nada), pues si llega el Papa y se le ocurre comunicar que ya el sexo no es pecado, sino que la sexualidad es deliciosamente humana como seres vivos y que le damos sentido a las cosas (hasta los religiosos, pero no quiero meterme ahora en eso, no quiero chafar la alegría de la exclusiva que resulta lo que os estoy contando), estaríamos ante una nueva página, más amable, en la historia de la religión.

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