Conclusiones



Espacio para compartir el psicólogo que todos llevamos dentro.

Psicología, Sexología, Salud, Educación, Opinión, Humor, Mascotas...





Se hace saber... que nacemos demasiado pronto

Cada vez paso más rápido las hojas del periódico, y no es porque mi velocidad lectora haya incrementado con el hábito y sea una máquina leyendo, sino porque me marea la política, la economía, la bolsa no me interesa porque no hay nada que echarle a la bolsa, je, y las noticias de robos, homicidios y asesinatos me parecen de mal gusto, para qué querré yo saber que hay sucesos que son mejor no conocer? Ni todo hay que contarlo, ni todo hace falta saberlo… Pero sigo con mi cita ineludible de leer el periódico, porque vaya, hay más secciones, y ahí es donde me detengo. Hoy (que ya es ayer), me ha sorprendido gratamente la columna que a continuación dejo el link, a quien pueda interesar. El tema es la educación sexual, escrito por un psicólogo. Me ha gustado comprobar que hay colegas que hablan de este tema de forma no sólo profesional, sino también de manera bastante sensata y realista, como que no tiene más, ni tres pies al gato ni sensación de leer nada que incomoda, imposible, por ejemplo, me quedo con la frase “la educación lo que provoca es el conocimiento”, creo que todos podemos estar de acuerdo en eso. También es verdad que, seguramente, no sólo es que me gusta descubrir, por lo que me toca, que un psicólogo habla bien de la educación sexual, es que hasta me sorprende. Esto ya es opinión personal total (vamos, uno cuenta la historia según le va, y este blog me parece que es un poco eso, jejeje, ay, habíamos quedado en que historias para no dormir hay mil!): como los años pasan y no perdonan, resulta que ya llevo tropecientos años metida en un ámbito que, no me da mucho de comer, pero, desde luego, ya da para sentarnos y compartir un café laaaargo donde contarnos cosicas. Si me sorprende que un psicólogo esté concienciado con la educación sexual, es porque muchos más les cuesta comprender un campo de trabajo, bien porque no trabajan en ese área, bien porque les gustaría, (digo psicólogo, como muchas otras profesiones que alguna vez en su vida se tropezaron con la educación sexual). Ambas situaciones son un contrasentido, efectivamente. La primera (quien no trabaja en sexualidad) porque, si no trabajas en ese área, oye, pues si otros sí lo hacen, hay sitio para todos, la vida es muy amplia, es bueno que cada uno forme parte de la orquesta, puede salir una bonita sinfonía. La segunda situación (no trabajan pero les gustaría), oye, pues si te gustaría, no tienes más que formarte en ese área, como puede hacer cualquier hijo de dios, no es exclusivo de nadie, estudiar el comportamiento sexual humano está al alcance de todos. Sin embargo, lo que ocurre, es que hay a quienes precisamente se les cruza por su camino la educación sexual, y no entienden nada. En todo caso, es lo que “querría” pensar. Si los mismos profesionales ven dificultades a la hora de abordar el tema de la sexualidad, entonces la educación sexual estará, como está, la última de la fila. Os puedo decir que yo ya cuento con la dificultad de vender a la humanidad la necesidad de contemplar la atención a la vivencia de la sexualidad, hay un montón de razones por las que esto es así, y algunos ingenuos como yo se nos ocurrió que había mucho por hacer, que sólo podía ser saludable, y que además podía ser divertido (no puede ser de otra forma). Pero además, hay que contar con la dificultad que uno encuentra en los propios agentes implicados en los proyectos sociales y educacionales, es decir, en quienes están involucrados en trabajos donde la educación sexual PODRÍA tener su hueco, y no lo tiene porque es que a ellos también hay que convencer. “Querría” pensar que les pasa como al resto de la humanidad: la falta de costumbre, la cultura judeocristiana… Pero es que no es ni siquiera eso! Lo siento por lo que le toca a la cultura judeocristiana, porque ya no influye como antes. Vamos, es verdad que soy bastante psicoanalítica (el lector fiel del blog lo habrá adivinado, jejeje), pero a mí me parece que eso no es así, que el psicoanálisis en su justa medida (el premio gordo se lo lleva quien adivine de qué corriente soy, ea). Sinceramente, las montañas arduas de escalar (el morrocotudo Everest), va y son las personas que en realidad sí que les mola esto de la educación sexual. Incongruente, válgame dios, cosas que pasan. Por tanto, casi la barrera es que se empiece a “salir del armario” de que la educación sexual mola. En el momento en el que, para empezar, desde las distintas profesiones que alguna vez se encuentren en contacto con la posibilidad de llevar a cabo charlas y talleres sobre sexualidad, sólo faltará que la sociedad acabe por contagiarse de un tema que, joer, es hablemos de sexo! oye, que de fútbol ya se habla, que de política casi es un rollo, no me jodas, que de economía no tenemos ni idea, pues jolines (ya salió la niña jolines), por qué no vamos a hablar de algo que el conocimiento sólo aporta cosas buenas? Porque saber de este tema, te ayuda, según la edad que tengas, a aprender, a saber hacer, a prevenir, a descubrir, a vivenciar, a disfrutar, en fin, estupendo, no? Por eso, desde aquí, me gustaría decir que, quienes nos dedicamos a la educación sexual, puede ser que no siempre lo hagamos bien, ocurrirá que una charla se convierta en terapia de grupo y no era la idea (colega, nunca se deja de aprender!), o que resulte demasiado técnico como para captar el objetivo. También podemos pedir quienes nos dedicamos a esto que se nos sea comprensivos con nosotros, jejeje. Personalmente, pido desde aquí que, si hemos dado alguna charla que no cubrió las expectativas, no lo uséis como excusa como para no entender que hablar de sexo sólo puede ser beneficioso. También es verdad que, siempre diré que es mejor una atención individualizada que otra cosa, ay, no es lo mismo, precisamente, cada vivencia, es un mundo, siempre podremos vernos a solas, que la intimidad tiene su ventaja. La terapia de grupo es constructiva, porque compartir siempre va a ser mejor que quedarte en la soledad de lo que vives y tener dudas y estar en la confusión de no saber más que lo que te tocó vivir, pero también trasladar lo que vives a alguien que su profesión es creer en lo que tú ya vives, eso es una puerta a abrir un episodio en tu vida que te va a reportar más luz a lo que quizás vivas desconociendo que tu vida tiene un montón de matices que quienes somos desconocidos podemos aportar, porque esos desconocidos estamos para eso; a veces, los desconocidos, somos así ;-) La sexualidad es un tema que, quien vea dificultades en ello, lo mejor que puede hacer es mantener la boca cerrada. Es que, en resultado, quien no hace de la educación sexual una suma, hace una resta. Cuando quienes no apoyan la causa, es lo que os digo, ya es una odisea estar transmitiendo que la educación sexual es pretender hacer algo que sólo conlleva salud, si algún profesional no cree en ello, por lo menos que no dificulte más la faena, que no venga con argumentos negativos, y lo que es aún más efectivo, que no venga con energía negativa y haciendo como que el tema no va con ellos; espectadores e intervinientes que no ayudan, más vale que se mantengan al margen, que no estén, que dejen hacer. Lo de "vive y deja vivir", es universal, abarca todos los ámbitos de la vida. Lo he visto, lo he vivido, y aún me estoy preguntando por qué lo hicieron. Yo qué sé, me tira el psicoanálisis, sí, y respondo que es que yo es que no caigo bien, y no sé si es porque no caigo bien porque estudié sexología, o porque soy súpermaja. Espero que una profesión entera no dependa de cómo caen sus trabajadores! Y puede ser que los trabajadores caigamos en función de a lo que nos dediquemos, y caemos en función de lo que somos capaces de ofrecer, y es movilizar conciencias que nadie se atreve a promover, porque todo el mundo quiere caer bien. En todo caso, y puedo CASI entenderlo según en el momento que me tocó nacer, malentendido está todo, nací demasiado pronto.

Que sea una suma, una multiplicación, unas delicadas matemáticas, me hago eco del escrito: Educación sexual, Antonio Cuevas.

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