Conclusiones



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Educación para el riesgo

En el momento en el que se puede registrar la realidad, ver las imágenes de lo sucedido en Japón ha sido verdaderamente impactante. Como lo es cualquier evento catastrófico de la naturaleza. Los seres humanos nos conmocionamos con los acontecimientos cuyas consecuencias se llevan vidas por delante. Vivos estamos nosotros, pero vivo también está el planeta. El planeta se mueve, siempre se ha movido, bueno, es que, todo está en movimiento, el cosmos se mueve. Si no hubiera sido así, no hubiera habido Big Bang. Pero nunca se puede estar preparado para vivir intensos terremotos, mareas, vientos huracanados, volcanes que son dragones, ni lluvias torrenciales o lluvia de meteoritos. Lo que tenga que pasar, pasará. Se dio la circunstancia de vidas en la Tierra, e igualmente se puede dar la circunstancia de que se acabó la vida en la Tierra. Si, además, parece que desafiamos la posibilidad de la permanencia del ser humano en el planeta, porque inventamos y después de inventar descubrimos que esos inventos no son buenos para nosotros y no los cambiamos, no los mejoramos, pues ya no es sólo el riesgo procedente de la naturaleza, sino también el que nosotros mismos nos provocamos. Todos queremos darle al interruptor y que se encienda la luz, pero nadie querría tener cerca una central nuclear. Principalmente, esa sería mi reflexión a propósito de las explosiones producidas y las emisiones radiactivas. Puede ser que llegue un momento que haya que andar por la calle no con máscaras, que eso ya lo hacemos, sino con mascarillas que nos aislaran del oxígeno dañino, y con trajes aislantes de elementos químicos que nos produjeran alergias… Y, entonces, como ya se me ocurrió decir en alguna entrada de blog anterior, acabarían por cobrarnos por respirar aire puro. Lo que habría serían fábricas de oxígeno apto para la vida. Si es que, hay que buscarse un planeta que se esté quieto, y los seres humanos educarnos en valores ambientales, vamos a llamarlo así, tomar consciencia de que no se puede boicotear el propio lugar donde vives, no tiene sentido. Claro que sucede que se descubra algo que luego se descubra que no nos vale, en fin, cuando descubres algo, puede que no se pueda saber ya ya ya los efectos colaterales o negativos. Existe el riesgo, porque todo en la vida tiene sus pros y sus contras. Lo que no tiene efecto negativo es que no tiene efecto ;-) Me ha gustado el artículo que a continuación dejo el link, de Jorge Olcina, geógrafo, después y mientras de lo que está pasando en Japón. Habla de incorporar la educación para el riesgo en escuelas e institutos. Desde luego, habrá opiniones varias, pero no creo que fuera una asignatura como para que se te atragantara (como pueden ser las matemáticas, jejeje), ni tampoco es quitarle tiempo a otros menesteres, si uno se da cuenta de que educar para el riesgo es lo mismo que decir educar para saber reaccionar, educar en la prevención, educar en la previsión de consecuencias, en fin, es lo mismo que se hace en educación sexual, que tampoco se hace ;-) Saludos

Tras la catástrofe de Japón.

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