Conclusiones



Espacio para compartir el psicólogo que todos llevamos dentro.

Psicología, Sexología, Salud, Educación, Opinión, Humor, Mascotas...





Propuesta

Vamos a hacerlo en equipo. Tengo en mi PODER el libro “¡Indignaos!”, de Stéphane Hessel, regalo de mi gran amigo, a quien dedico la canción anterior de Mozart, pero sólo porque lloramos juntos, cuando en realidad lo único que podemos hacer es sentirnos afortunados porque en nuestras vidas, esa persona existió. Yo, como amiga, pero él, como quien compartió su vida. La muerte, para quienes la vivimos, no es más que confirmar lo que ya sabíamos. Una persona querida que se marcha, es lo mismo que tener una cita con esa persona una vez que la muerte sobreviene a quien se queda. Ocurre que, la muerte de alguien detestable, es el alivio de quienes no podían vivir en vida, y menos mal que se fue el cáncer de las relaciones. No quisiera ser cruel, era por contemplar ambas posibilidades. No es lo mismo que se vaya al otro mundo alguien admirable que alguien detestable. Está claro. Más que nada, porque hay gente admirable y gente detestable. Por dios, no quisiera yo desearle la muerte a nadie (detestable), porque ya sabrá la vida lo que hace con los vivos (mala hierba nunca muere), y ya veremos lo que hacemos los vivos con los que no se mueren que nos harían un favor si desaparecieran. En todo caso, y por supuesto, con desaparecer del mapa, sería suficiente, vamos, que no hace falta desaparecer del mundo, de ahí que ninguno de nosotros deseamos la muerte de nadie, sólo queremos que no molesten… Eso para quienes aún la muerte no les visitó, pues en alguna circunstancia de vida, la muerte es celebrada como revelación, como una puerta que se abre hacia el camino de un suspiro mejor. Pero cuando se marcha alguien que no debería haberlo hecho, para quien así lo vive, es la vida que se cierra y cualquier puerta sólo es no pensar en la vida que sigue, sin esa persona. Pero no es sin esa persona, porque sí que está. Y estoy hablando de alguien con quien compartiste años de muchas cosas, porque es en esas muchas cosas donde vives tantas cosas que los años que viviste con esa persona son los años que te quedan por vivir agradeciendo que le tuviste en tu vida. Ni siquiera es el tiempo lo que cuenta, sino la persona que llegaste a conocer, a tener en tu vida. Lo sabemos: es la calidad, no la cantidad. Está claro, por eso, en esa misma circunstancia de la muerte, cuando no hay calidad, la cantidad agota. Pero, en cualquier caso, siempre la muerte nos va a impresionar. Porque es el camino sin retorno. No hay posibilidad de segundas posibilidades, y no hay opción a opciones posibles. No hay un futuro encuentro en el desencuentro. No hay nada. Es, la nada. Y en esa nada, se es todo si es que lo fuiste para alguien. Así que, la muerte sólo es lo que nos pasa a todos los vivos. Y no quise hablar de la muerte, quise hablar de la vida que nos queda antes de la muerte. Y es una vida que tiene muchas formas de vivirse. La propuesta, es leerse este libro, opinión personal total, está claro, porque eso de “el estudio del comportamiento humano”, parece que yo lleve una revolución encima. Bueno, si del blog sumerge la insurrección, voy a ser la primera en decir que, efectivamente, la culpa es mía, pero no en plan mérito, sino en situarme en primera fila de batalla, es decir, mayor probabilidad de morir. Sería lo justo, o sería lo normal, por coherente, lo que soy yo. Pero, antes de morir, no queremos morir, si es que podemos. Precisamente, Hessel habla de una rebelión pacífica. Que es lo suyo. En fin, tener ideas, quién dijo que había que morir por ellas? a quién se le ocurrió que desear lo deseable es morir en el intento? Mi invitación consiste en leer este libro, y dentro de, como mucho, unos días, nos encontramos por aquí, que el susodicho libro tiene sesenta páginas. Vamos, te lo compras y te lo lees. También es verdad que, personalmente, se queda corto. Agradecida por el prólogo de José Luis Sampedro. Para quien pueda ser de interés, nos volveremos a leer. Un beso.

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