Conclusiones



Espacio para compartir el psicólogo que todos llevamos dentro.

Psicología, Sexología, Salud, Educación, Opinión, Humor, Mascotas...





A propósito del abecedario

Día X, ese día es hoy, el día de después de crear una entrada sobre la píldora del día después, donde incito (bueno, vale, se dice “promociono”) al uso del condón como método de doble protección: de embarazo no deseado e infecciones, tampoco deseadas. La X es la incógnita de las matemáticas de toda la vida, vamos, la incógnita de la vida. Aquí, la duda de si algo tan real, o como mínimo posible, je, como mantener relaciones sexuales, pueda incluir en el texto la palabra polémica, aunque sea que lo escribí entre comillas. La narración describe una situación concreta, la experiencia de su vivencia, alternativas, y sirve de buena excusa para hablar de educación sexual (cada loco con su tema, y cada uno tiene su estilo). No quisiera parecer que digo que la educación sexual en este país está mu mal, que brilla por su ausencia y eso, porque no es exactamente así. Sí existe, pero depende de voluntades, me explico: si alguien cree que puede realizar algo en torno a la sexualidad, ya sea salud y / o educación, lo puede hacer, si quiere, que también es verdad que es si le dejan, depende de donde caigas, es decir, de voluntades. Total, la voluntad de uno mismo y la voluntad del cargo de arriba tuyo. Que te lanzas a la aventura y te creas tu propia autonomía? también, sólo es cuestión de que te crean los demás, y te escojan, de cómo te vendas… Ah, la X también es la X de sexo, de sexualidad. La X es el lugar que le corresponde a la sexología… Por poner un ejemplo, en sanidad hay sexólogos si y sólo si ellos quisieron formarse en la materia, que lo suyo es cursar algo serio y de una duración que parezca algo, con asignaturas, exámenes, tesina y tal, en fin… En educación pasa igual, que suele ocurrir que van los de sanidad a educación: el centro de salud se introduce en el aula. Personalmente, hasta que no me he puesto a trabajar, creía que todo el campo era orégano: salud sexual y educación sexual. No por los estudios, que el master estaba muy bien estructurado, terapia y educación son cosas diferentes, sino por inquietud individual, y se me ocurre llamarlo educar en salud sexual. Si los adultos no quieren que se haga educación sexual, por matemática pura, hay mayor probabilidad de adultos que teóricamente acudirían a terapia sexual. Si pones en marcha programas de educación sexual, estás contribuyendo a un futuro más claro, vamos, menos desconcertante (patológico, para los entendidos, yo es que soy más poética, pero quisiera que me entendiera todo el mundo, por eso intento hablar en plan técnico, un poco). Que no quita que el desconcierto existe, y existen los recursos para resolverlo: acudir a consulta, hacer terapia, y no hay más, no hay truco. Por tanto, ambas ramas, terapia y educación, comparten materia gris, pero se me antoja que la educación es la madre del cordero. De hecho, en terapia, también se hace educación. Lo digo para quien no sabe de qué van, en general, las terapias. Y digo en general, porque luego cada maestrillo tiene su libro gordo de petete, es decir, su estilo. Cada profesional lleva a cabo la terapia y la educación como la entiende. Y, sí, sigo hablando de profesionales, de personas que se formaron porque quisieron, y en su trabajo tienen la oportunidad de hacer algo. Y es entonces cuando la sexología, con todos los profesionales que la abarcan (psicólogos, médicos, enfermeros, antropólogos, sociólogos, profesores, filósofos, quien quiera, vamos), resulta que se cruza con la política y con la iglesia. A mi me parece genial que un abogado o un banquero sean también sexólogos, por abogado o por banquero, no por político, o que un profesor, aunque sea de religión, sea sexólogo, por profesor, no por cura. Ésta es la polémica, claro, la de “nos echamos las manos a la cabeza” porque la píldora del día después se puede adquirir libremente en la farmacia… Cómo va a ser polémica la libertad? si Braveheart levantara la cabeza… jajaja, ups, no puede! ayyy. La X es la espera y el venga a que no sea cuestión de gusto (de buen gusto, por supuesto) el hacer educación sexual porque a uno le parezca que es importante (aún ahora se llama innovar). A quien le tiene que parecer importante es a la política, que no es ni más ni menos que personas igual que tú y que yo, pero con una posición de capacidad de decisión que es lo que no acaba una de entender… Un político, por definición, quiere votos, lógico y normal, y quién no iba a votar a alguien que atiende a la salud integral del ser humano? (que incluye la sexualidad, cosas que pasan). Porque eso es política. Un político, por efecto colateral, quiere dinero (o un trabajo que le dé dinero), lógico y normal, y llegado el conflicto voto-dinero, puede dejar de creer en la política y empezar a creer en uno mismo, y está claro hacia dónde se inclina la balanza (hacia la industria que más paga). Por eso, la política no es eso que vemos en la tele o que leemos en los periódicos. Me irrita la confusión de las cosas, eso para los tontos, que no lo somos tantos. Una decisión como "happy hour" para la píldora D, es, como sexóloga, creer que se crearán plazas de sexólogos en el estado del bien estar funcionarial, digo yo, en sanidad, en educación, y en el ministerio de trabajo, en el de justicia y en el de turismo, que todo tiene relación. Y entonces una cosa es salud reproductiva, otra cosa es terapia, otra cosa es derechos sexuales, otra educación sexual… Y cabemos todos. Y ofrecer opciones a todos los ciudadanos. Refleja esperanza la posibilidad de estudiar sexología en la universidad, privada en su inicio, seguramente así es como empieza todo, pero el logro de una sociedad es que exista lo público, es lo que estoy diciendo, oferta para todos. Desde luego, no voy a entrar en valorar términos de calidad, que nos vale por igual lo privado que lo público, estaría feo que lo privado, por dinero, sea de mayor calidad, no, sino que lo público es que somos más, mientras no exista la re-distribución de la riqueza, que no va a existir nunca, re-efectivamente. De verdad, lo que es pecado es llenarse la boca y difundir ideas surrealistas. A nivel personal, ya os cuento que siempre haré referencia a cómo funciona el ser humano, ni siquiera lo mío es una opinión, que lo es. Y con el otro ente hemos topado, hablando de pecado. Si la sexología y la política tienen una relación de amor odio, un poco pasa igual entre la sexología y la iglesia. Si la polémica de la libertad de adquisición de la píldora D era una cuestión de decisión política, lo es eclesiástica. Hay un dogma, de fe, una forma de entender la vida. Y yo, que lo entiendo todo, lo entiendo. Estoy esperando a que me entiendan a mi ;-) Expectativa errónea, totalmente. Aún así, como sexóloga, tendré que decir que la sexualidad no es una cuestión de fe, lo es la vivencia de la sexualidad. Al fin y al cabo, la felicidad está en todas partes, y nadie es quién, por mucha ciencia o por mucha fe, para decir lo contrario. Nunca me meteré a decirle a un creyente lo que ha de hacer que contradiga su visión de la vida. Precisamente, lo que haré será, si me consulta, tratar de disolver disonancias. Porque la iglesia siempre ha tenido que saber manejar la lidia entre la creencia y la ciencia, y ganaba la batalla, porque la creencia conecta con lo emocional, la ciencia hay que estudiarla, y no todo el mundo tuvo acceso a los libros, verdad? Pero bueno, eso ya va perteneciendo a la historia, a la nuestra, a la del ser humano, que no pasa nada porque lo emocional pese más, y no pasa nada por querer creer, y la conquista de los corazones fue el primer objetivo, convencer, queremos que nos crean, que nos apoyen. Pero yo no puedo apoyar una versión que no tiene nada que ver con la sexualidad. Otra vez, confundiendo… Vale, sí, parece que me pase algo con la iglesia, pero no es lo que parece. De todas formas, yo también estoy mezclando, que no es lo mismo creer que iglesia, cosa rara, también es verdad, nunca entendí qué era eso de creyente pero no practicante… es como ser sexual pero no hacer nada ;-) Ni siquiera pecó la iglesia, sólo trataron de mantener una idea que no se podía sostener. Total, sé de buena fe que la iglesia avanza que es una barbaridad, como la tecnología, y ya va entendiendo qué es esto de la sexología. Anda que, sólo falta que en esta entrada de blog acaben la sexología, la política y la iglesia, siendo amigos. Si se quiere, se puede.

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