Conclusiones



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La voz del interior

Hoy se celebra el Día Internacional de las Personas con Discapacidad. También podríamos considerar este día como un día ideal para seguir derribando molinos, o atravesar paredes, o reconocer perspectivas. Por eso, se me ocurre que lo mejor que puedo hacer es invitar a todo el mundo, internacional e interespacial, a ver la peli “La voz del interior”, traducción más o menos de “Music within”, también es verdad, pero la idea es ese interior, que se oiga, que se vea, que se toque, que se sienta, porque el silencio tiene un sabor amargo y huele a cerrado. De la película, aún me retumban estas palabras: “¿Qué ven los demás de las personas con discapacidad? Nada”. Es como para pararse a pensar por qué el ser humano vive de espaldas a cierta realidad. Seguramente, porque le da miedo. Llega un momento en el que se genera un círculo vicioso: el desconocimiento, hace que no sepas actuar, y ante la duda, el miedo te dice que mires para otro lado, y le haces caso porque, lo que ves, resulta demasiado complicado, por desconocimiento. Bueno, podría ser una explicación, porque construir barreras también debe de llevar su tiempo y exigir un esfuerzo, digo yo. O es que es más fácil no ver que ver? “No ver” conlleva un aprendizaje, una sensibilidad y una motivación que, por qué pesa más que el hecho de sí ver (porque está ahí, o es que no lo ves?), donde “ver”, conlleva un aprendizaje, una sensibilidad y una motivación, vamos, que lo mismo nos da “ver” que “no ver”. Pero el ser humano, no ve. El ser humano, bueno, algunos, conciertan un día en el calendario para ver. Hoy, tú que me lees, puedes ver la peli “La voz del interior”, o la puedes ver mañana, o pasado. Me parece una película adecuada en el sentido de que no es un pastelón, ni sensiblera, ni ná de eso, porque es que, tampoco hace falta abordar el tema de la discapacidad con una actitud comprensiva o algo así. Comprender sí, pero no en plan ay qué pena, o ay qué sensible soy si es que estoy concienciado con la causa… Qué causa? Y pena de qué? No es necesario ser especial para comprender que al ser humano le pasan cosas, y entre esas cosas, habrá de todo, lo hay, hay miles de formas de vida, y la capacidad o la discapacidad tienen que ver con la forma de vida que vas a llevar, porque no es lo mismo un cerebro que otro. Seguiré diciendo que yo formo parte del colectivo de personas con discapacidad, porque explícitamente no estoy capacitada para vivir en esta sociedad: Me va mal en el trabajo, porque la jefa de turno y yo tenemos filosofías diferentes, vaya por dios; en mi comunidad de vecinos, porque aquí no hay quien viva, siempre; con el novio que me eche, porque suele ser rana, Cupido haciendo de las suyas; con las amistades, seguro, porque la amistad es una decepción en potencia, je; en la familia, pues que eso de los glóbulos rojos, yo los veo azules, que será un nuevo tipo de daltonismo. Y, sobre todo, me siento discapacitada en tanto que no comparto, y por consiguiente, no me adapto, a una realidad que, por ejemplo, etiqueta a las personas, que soy psicóloga, o bueno, soy psicóloga de las que no etiquetan, cada maestrillo con su librillo. A ver, como psicóloga, entiendo la etiqueta porque entonces es como que hay una consideración a determinado colectivo. Voy a contaros una experiencia personal, aunque también es verdad que yo aquí todo lo que cuento es personal, pero también profesional, por supuesto, se mezcla se mezcla! total, precisamente, es que ahora mismo mi ámbito laboral tiene que ver con la discapacidad (era una adivinanza muy fácil de plantear en qué me encuentro trabajando ahora, cuando va y me pongo a hablar sobre la discapacidad propiamente dicha, ay, uno habla de lo que le pasa). Resulta que tratando de encontrar aparcamiento en técnicamente zona de minusválidos, yo que iba acompañada de alguien técnicamente minusválido, va y cuando aparcamos, va y me pregunta “¿es que somos minusválidos?”, y una que es como es, pues me reí, a ver! Vale, sí, lo mío no es técnicamente discapacidad, porque la que es rara, es rara, que no es lo mismo, pero vamos dilucidando diferencias, para quien etiqueta. Y entonces es verdad que, después de reír en tanto que técnicamente, después de mi profesión frustrada de pianista, fue la de humorista, y entonces me hice psicóloga, va y es que le expliqué al chico por qué aparcábamos ahí, y que al fin y al cabo, resultaba guay que existiera una zona nuestra para aparcar. Lo peor de ser discapacitado, es cómo te tratan los demás.

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