Conclusiones



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Pensamientos ilustres, 1968. Capítulo II

Texto enmarcado en el despacho del General MacArthur, entre los retratos de Washington y Lincoln.

Juventud

La juventud no es una época de la vida. Es un estado de la mente. Es una demostración de la voluntad, una cualidad de la imaginación, el vigor de las emociones, el predominio del valor sobre la timidez, el deseo de aventuras en contraste con el deseo de comodidad.

Nadie es viejo por sólo haber vivido un cierto número de años. Se envejece solamente cuando se abandonan los ideales. Los años arrugan la piel, renunciar a los ideales arruga el alma. La inquietud, la duda, la falta de confianza, el amor y la desesperanza… son los rápidos equivalentes de los largos, largos años que inclinan la cabeza y encaminan el espíritu hacia el ocaso.

Que se tengan 70 ó 16 años, hay siempre en todo corazón humano el amor a lo maravilloso, la dulce admiración por las estrellas, el rutilante brillo de cosas y pensamientos, el intrépido desafío a los acontecimientos, el inagotable infantil apetito del “¿Qué viene después?”.

Uno es tan joven como su confianza, tan viejo como su temor; tan joven como su esperanza, tan viejo como su desesperación.

Mientras tu corazón recibe mensajes de belleza, de alegría, de intrepidez, de magnificencia y de poder del Planeta, de los hombres y del infinito, eres joven.

Cuando todo los resortes se han aflojado y todos los rincones del corazón están cubiertos con la nieve del pesimismo y el hielo de la misantropía, entonces, y sólo entonces, habrás llegado realmente a viejo… y, llegado este momento que Dios tenga misericordia de tu alma.

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