Conclusiones



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La palabra “demagogia”

Es cierto que lo suyo sería consultar en la Real Academia Española (RAE), es decir, el diccionario de la lengua española, el significado de las palabras, para el uso correcto del lenguaje, cada cosa tiene su nombre. Bueno, ahí está, se puede consultar. Pero otra cosa es la utilización que se hace de los términos, independientemente de la teoría. Siempre me ha llamado la atención el hecho de que las personas, cuando “dialogan”, se acusan los unos a los otros de hacer demagogia, con la idea de desacreditar al otro. Eso debe ser que hacer demagogia es malo. Como que el discurso es populista, vamos, que es argumentar, con retórica, tratando de provocar el aplauso, aplauso fácil. Hablas y quieres a la gente de tu parte, y entonces el otro te señala con el dedo de hacer demagogia. Básicamente, ocurre que ambos dos dialogantes se pueden acusar de lo mismo, de demagogia, porque aplauso queremos todos, en el sentido de uno creer que está diciendo algo sensato, algo que todo el mundo ve. O todo el mundo ve tu discurso, o todo el mundo ve el discurso del otro. En función de lo que digas, te harás mejor o peor propaganda y te venderás más o menos de forma eficaz o torpe. Ya parece que haga falta una audiencia para inclinar la balanza. Dos personas hablando sin espectadores, es un tú dices A y yo B, y realmente dará igual acusarse de demagogia, pues no tienes al pueblo que se ponga de tu parte. Pero cuando tienes posibles candidatos a que apoyen tu punto de vista, el marketing incluye la demagogia. Personalmente, nunca me pareció que hacer demagogia era malo, en fin, decir perogrulladas, apelar a las emociones, hacer una buena oratoria y meterte a la gente en el bolsillo, eso, es manipular igual que lo hace el que no hace demagogia. Qué más dará. Pero me atendré a la connotación negativa que tiene esta palabra, pues está en su definición, y haré caso de Javier Cuervo, esos textos que escribe en el periódico que leo. De forma extraña, no he podido encontrar su artículo precisamente en el periódico que leo, pero está en otro, en fin, lo que importa es el artículo. Le agradezco que me haya aclarado esta cuestión de las palabras, porque ya me estaba mirando raro la gente, sólo falta que me llamen demagoga, cuando soy orientadora educativa (“psicopedagoga”). Es que, no era demagogia lo que había que hacer, sino que, “Hay que hacer pedagogía”.

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