Conclusiones



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Tuve una riña de enamorados con el mundo

Lo prometido es deuda. En anteriores entradas del blog, dejaba entrever y hacía mención a lo que se me ha ido desvelando a lo largo del tiempo: la diferencia entre lo complejo y lo complicado. No sé si existirá técnicamente esa diferencia, o es una percepción que yo tengo y es una cuestión de matiz. Me lo voy a inventar, y es por darle un nombre a las cosas: y a las cosas diferentes, les asignamos conceptos distintos. Pues por darle un nombre, llamaré complejo a A y complicado a B (más adelante, C será simple y D sencillo). La psicología en realidad es pura matemática: la X es la incógnita, es decir, cuando llegas a la conclusión de que sólo sabes que no sabes nada. Todos somos matemáticos. Cuando establezco esa diferencia, es que complejo sería fundamentalmente la vida: lo de “son muchos los factores” explicativos de las cosas. Y complicado, sería hacer de lo complejo algo complicado… Que la vida sea compleja no es una opción, es realidad, está ahí y es así. Que compliquemos las cosas, es una opción, seguramente la opción equivocada. Para empezar, no vale la pena, pues ya es complejo todo lo que nos pasa como para añadirle sustancia… Precisamente, que seamos complejos incluye la opción de complicarnos. Pero como existe la posibilidad contraria a lo complicado, que es hacer que las cosas sean más sencillas, pues siempre será ésta la recomendación: hacer sencillas las cosas. Que no es simplificar: en el momento que simplificas, es como negar que el ser humano es complejo, es no entender que son muchos los factores. Vale, sí, da la impresión de estar dándole vueltas a lo mismo. De que da igual cómo lo llamemos. Es cierto, da igual, con captar el matiz es suficiente. Ésa es la idea: detectar la diferencia entre cómo funcionamos y qué hacemos con ese funcionamiento. Complejo sería la situación o el hecho en sí, y complicado sería la actitud que se toma ante lo que nos pasa. Sin embargo, hay ocasiones en que, por tratar de simplificar, se pierden detalles, no se tiene en cuenta todos los factores, y se acaba siendo injusto a la hora de comprender la situación o el hecho. Queriendo, legítimamente, hacer sencillas las cosas, se acaba simplificando… No sé si me explico. Y lo suyo es posicionarse en la sencillez, para no complicar las cosas ;-) Personalmente, hasta que he llegado a esa conclusión, me ha costado más de un desencanto. Confundí A y B, complejo y complicado. Y ahora sé que entender tiene que ver con A y D, complejo y sencillo (vs complicado y simple). Total, que la vida es compleja, y de ahí hacer de la vida una experiencia sencilla. Ni te complicas, ni simplificas en el sentido que he comentado antes. Y es entonces cuando se me puede ocurrir pensar que complejo y sencillo son los polos extremos de un continuo. Aunque, no sé, sí puede ser, sí. Lo que pasa es que, lo que parece sencillo, va y no lo es, y resulta que lo complejo es más sencillo de entender. A estas alturas de la disertación, voy a poner un ejemplo: los hombres y las mujeres… Dónde dice que las mujeres son más complicadas que los hombres? ah, claro, se nos llamó complicadas, no complejas, jejeje. Bueno, y es que los hombres no son complicados? o complejos ;-) Para dar en el clavo, complejos somos todos. Ahora bien, y complicados? pues será cuestión de según la persona, verdad? Pero, en fin, según la experiencia popular, la mujer es más compleja que el hombre. Pues, como mujer, a mi me parece que complejos son los hombres. Vamos a ver, no por rebote que me cojo, sino porque me veo a mi misma y digo: con lo fácil que es de entenderme! También es verdad que me crié entre hombres, y jugué con cochecitos y mi madre no usaba maquillaje porque estaba más guapa al natural… Pues así, poco femenina iba a salir yo. Pero bueno, soy XY, (XX el hombre, los genes hablan por sí solos). Quizás piense que el hombre es complicado, o se complica, porque en una relación (de cualquier índole) con una mujer (que teóricamente es la compleja pero es más sencilla que un lápiz), va y no nos entiende… Y es cuando pienso yo: si no me entiendes, es que el difícil de entender eres tú! O no? jeje. Venga, va, por ejemplo, en el amor (lo siguiente es hablar de lo enamorada del amor que lo explica todo… entrada de blog pendiente!). Qué es lo que no entiende el hombre en el amor? Vamos a ver: las mujeres, porque lo dicen los genes, o porque lo dice Disney, queremos sentirnos especiales. Y eso es lo más fácil del mundo! Además, precisamente, hay montones de películas, de canciones, y de novelas, que dan mogollón de pistas! Y aún así, los hombres, no se enteran! Que ya no será por desconocimiento, y eso lo sabemos las mujeres! Así que, ahí estará la mujer flipando porque no se la entiende! Por tanto, quedamos en que el hombre es más complicado que la mujer. Por no decir complejo, porque complejos somos todos… El amor es un apartado aparte, je. No tanto, pero nos llevaría por la calle que no tiene salida. El amor, por definición, no se atiene al sentido común como experimentamos en otras áreas de nuestra vida. Habría que tratar que fuera así, que respondiera al sentido común, y hay quienes recurren a la sensatez, para obrar en consecuencia. Por fin llegué a la certeza de pensar que ser consecuente era manejar todo lo de alrededor del amor, no el amor en sí. Y dejé de llamar amor a lo que no lo era. Bueno, un desencanto más. Porque no se entendió la diferencia entre complejo y complicado, mea culpa. Y me llamó la atención la reacción a las cosas. Quién delata a la locura, el gesto o el pensamiento? Hay un hilo muy fino entre complejo y locura. De hecho, seguramente sean conceptos intercambiables. Cuando no se nos entiende, por lo complejo, se le denomina locura. Y quien lo parece, lo es. Y es cuando no nos sentimos comprendidos, cuando nos volvemos locos. Incluso el desencanto es porque antes estuvimos encantados. También está el que no se encanta, pero son los menos, y lo que le encanta es quizás algo más automático, pero a eso no se le llama encanto. Aquí tratando de entender la mente humana ;-) Precisamente, está “El desencanto”, de Jaime Chávarri, película-documental de título sugerente. Como una cosa lleva a la otra, lo complejo hizo que acabáramos hablando de locura. Y entonces nos adentramos en otra diferencia: la forma y el fondo. El gesto es lo que más se ve, y el pensamiento es la sutileza de la forma, es decir, el fondo. Un mantenerse en las formas, mantiene el fondo en unos parámetros. La forma siempre nos va a escandalizar. Hay que tratar de mantener las formas. Sin embargo, el fondo, puede ser más escandaloso que la forma. El susurro de algo chirriante, no será más espantoso que lo obvio de la pérdida de la razón? A ver, es por ir entendiendo. Para nada es inocente una forma improcedente de hacer o decir las cosas. Pero es lo impune que quedan las poses políticamente correctas lo que me inquieta. Seguramente porque yo siempre fui más razonable en argumento que en presentación. El consuelo del desencanto es darse cuenta de que la forma importa, pues no quisiera yo perjudicarme a mi misma, ni a nadie, con mi teatro impresionista. No quiero que la técnica no deje ver la belleza del dibujo. El impresionismo es como cuando miras y te frotas los ojos, y sigue estando ahí. Con un poco de razón, terminas entendiendo la diferencia entre complejo y complicado, y te vas quedando con el encanto de lo que nos va quedando por vivir. No quisiera parecerme a lo que toca ser, siempre y cuando sea algo que me aleje de la belleza de lo que siento. Y quien no lo entienda, lo llamará locura. Y quien se sujete al otro hilo, el de la tirantez de lo normal, lo llamará locura. El hilo del que yo dependo, se llama tratar de ser normal en la forma, la forma de parecer normal. Desde luego, si no se me ocurre regalar la forma adecuada de estar, estaré equivocada. La locura sólo sirve para expresar lo que sientes de una forma llamada artística. Es vivir entretanto, haciendo de un sauce llorón, un estanque, y un puente, más hermoso aún.

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