Conclusiones



Espacio para compartir el psicólogo que todos llevamos dentro.

Psicología, Sexología, Salud, Educación, Opinión, Humor, Mascotas...





Pensamientos ilustres, 1968. Capítulo final

Hay algunos a quienes les pica una araña y se atan una sábana.

¿Has caído? Levántate. Para llegar no se necesita no caer, sino no seguir caídos.

La amistad es una esencia preciosísima, pero por el mundo corre mucho falsificador.

¿Viruelas en la cara? Déjalo, peor es tenerlas en el corazón.

El que tiene codicia, que se resigne a no tener tranquilidad.

La verdad es como el agua más pronto o más tarde se manifiesta.

El carácter es una voluntad desarrollada.

No consiste la fuera en echar por tierra a un enemigo, sino en domar su cólera.

Las palabras son hijas del viento como las obras lo son del alma.

No hay nada más vengativo que el miedo.

A los ojos de la moral, la avaricia es un suicidio lento.

En religión se persuade, pero no se manda.

El que ha naufragado teme al mar, aun en calma.

La espina, al nacer, lleva ya la punta delante.

La cólera se pasa cuando se retarda su efecto.

Hablar bien y obrar mal no es otra cosa que dañarse uno con su propia voz.

La conciencia es el primer libro moral que poseemos, y es al que más debemos consultar.

Cuando no sabemos lo que queremos es porque nos asusta saberlo.

Nunca perdonamos a quien no se deja querer.

En amor y en política, el que no siente lo que dice siempre exagera.

Nunca ha habido ni buena guerra ni mala paz.

La música es la conquista de la civilización sobre la barbarie, porque es un idioma universal.

Lo más parecido a la imbecilidad es el optimismo.

No le quites a nadie su careta. Al contrario, cuando veas que a alguien se le va a caer por descuido, ayúdale con prontitud a sujetársela. No te perdonaría nunca que le hubieras visto sin careta…

He visto cambios y mudanzas de ideas y de opiniones a muchas personas, pero ¡ay!, nunca han sido desinteresadas.

La verdad no es lo que se sabe con certeza, sino la certeza de lo que no se quisiera saber nunca si es cierto.

Hay quien cree que por no admirarnos ya es superior a uno. ¡Que te crees tú eso!

Cuanto mayor es el poder, tanto más daño si cae en hombre necio o malo.

La felicidad consiste principalmente en conformarse con la suerte: en querer ser lo que uno es.

La virtud es áspera en el camino y deliciosa en la cumbre.

Una herida de soslayo es, a veces, más profunda que una herida frente a frente.

Si queréis formar juicio acerca de un hombre, observar quienes son sus amigos.

Nada hay más venerable que la naturaleza, ni más apetecible que la salud.

La envidia es tan inseparable del mérito como la sombra del cuerpo que la proyecta.

Hombre que piensa en el porvenir, no olvida los deberes del presente.

El único medio de borrar la injuria es olvidarla.

La envidia es un vicio sin deleite que atormenta cuando se disimula y desacredita cuando se conoce.

No des a tu amigo los consejos más agradables, sino los más útiles.

El sueño y la esperanza son los dos calmantes que concede la naturaleza al hombre.

Todo lo que se hace por temor lleva impreso un carácter de timidez o de bajeza.

La paz entre los pueblos no puede existir sin estrechas relaciones comerciales.

Cuando se odia a un hermano, se odia hasta el exceso.

También en lo moral, como en lo físico, conviene dividir lo que es metal y lo que es escoria.

La alabanza en boca propia envilece.

Siempre es duro el inferior que por acaso manda un momento.

La mayor ofensa que puede hacerse a Dios es la de interrogarle.

Lo peor de la ingratitud es que siempre quiere tener razón.

Siempre nos teme el que está seguro de que no puede engañarnos.

El que ha tenido que avergonzarse alguna vez de nosotros, no nos lo perdonará nunca.

Cada uno quisiera un estado social en que sus defectos y sus vicios parecieran perfecciones y virtudes.

En política, hay quien se hace pagar muy caro los sitios que no ocupa.

Hay todavía alguien capaz de decir verdades, pero ¡qué pocos son capaces de escucharlas!

La buena opinión de los inferiores nos agrada. Sólo la de los superiores nos satisface.

Nunca está uno bastante solo.

En política se estima la sumisión más que la inteligencia.

Dicen que la pasión quita el conocimiento. No es así, por desgracia. Lo que sucede, es que el conocimiento nos impide las pasiones.

¿Cómo quieres que te veamos, si te pierdes de vista?

No abominemos de la hipocresía. Es siempre el pudor de nuestros defectos y muchas veces el sustituto de la buena educación, y, por lo menos su complemento.

Lo malo de la conciencia es que siempre está hecha a la medida.

No ahondéis demasiado. Al ahondar, todo puede venir abajo.

Dicen que servir a Dios y al diablo al mismo tiempo es imposible. Será imposible, pero es lo que hacemos todos de ordinario.

Por decoroso eufemismos nos llaman buenos cuando deberían llamarnos útiles.

Nunca olvidaremos el lugar de donde nos hemos alejado con un deseo no satisfecho.

La perversidad hace el mal, la debilidad lo consiente y la ignorancia lo aplaude.

La mejor prueba de que un libro nos interesa es nuestra prisa por llegar al final; en amor, es todo lo contrario.

La cultura puede improvisarse; la educación no se improvisa.

Las heridas en el amor propio, sólo el amor propio las cura.

El mejor sitio no es el que nos parece mejor, sino donde mejor parecemos.

Cuando ve uno en alto a muchos personajes, no piensa uno cómo pudieron subir, sino de dónde pudieron caer.

Conviene entregar todos nuestros defectos a la murmuración de las gentes, porque si no hallaran bastantes defectos de qué murmurar, la emprenderían con nuestras virtudes.

Socorremos desgracias, no tanto por aliviarlas como por verlas.

La vanidad está en todo. Hay quien dice: “¿Con que usted padece de dolores de reuma? No serán como los míos”.

Los hombres perdonarán tal vez al que descubra sus crímenes, pero nunca al que señale sus ridiculeces.

La verdadera educación de las personas se conoce en los momentos en que olvidan la educación.

El egoísmo seca el corazón y pervierte la conciencia.

Si Satanás pudiera amar, dejaría de ser malo.

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